En Cienfuegos el arte también nos mira desde arriba

Las diferentes manifestaciones del arte en muchas ocasiones nos miran desde arriba, y no por una condición de superioridad ni de subestimar al resto de las rutinas de los humanos, sino porque al encontrarlas a más de 300 o 400 metros sobre el nivel del mar, nos percatamos que desde lo alto conservan sus esencias, y más, llevan el sello de lo comunitario, muchas veces soslayado por las élites.

Entonces, siempre llama la atención tropezarnos con un centro cultural en las montañas del Macizo de Guamuhaya, en Cienfuegos. Existen varios, unos con mejor o peor decoración y cronograma de actividades, pero todos convertidos en ejes socioculturales de sus respectivos asentamientos y zonas aledañas. Así ocurre en El Nicho: el centro literario de allí, en los predios de la Despulpadora de café, trasciende como uno de los sitios de mayor concurrencia, sobre todo de niños, quienes dejan en la puerta, antes de entrar, todas las cargas de miedo escénico y aburrimiento.

 

Nadie nos lo cuenta, en aquella casita, un poco oscura quizás, posaron para las fotos, cantaron en solitario, a dúo…, no podía faltar la décima arraigada en lo montuno y en sentido general el ambiente es salubre y nos permite catalizar los provechos de contar con una institución de esa índole.  

Así lo patentiza Aliesky Escalante Cardoso, promotor cultural de El Nicho, y quien vio nacer dicha instancia hace poco más de diez años. «Se prestan libros tanto a niños como adultos, también juguetes pues contamos con una ludoteca, lo cual tributa fundamentalmente al programa Educa a tu Hijo. Tres veces a la semana proyectamos películas, les proporcionamos medios para dibujar.   Durante las Ferias del Libro y la Literatura, voy hasta Cumanayagua traigo la mayor cantidad de ejemplares que pueda y se los vendemos a los montañeses.

«Antes, cuando no contábamos con esta alternativa, se nos dificultaba mucho el trabajo, pues no existía un lugar donde aglutinar a los interesados por las diferentes manifestaciones del arte, ni donde fomentar en los niños el interés por dichas ramas. Ahora, además de erigirnos como el centro cultural por excelencia del asentamiento, tenemos una estrecha vinculación con la escuela, pues la mayoría de las veces trabajamos de conjunto».

Cuando los montañeses de esos lares dicen: vamos al cine, a la biblioteca, a la juguetería, al teatro… dirigen sus pasos al mismo lugar, al sitio decorado con cuadros, murales y esculturas cual huellas del paso de las bienales de artes plástica en la montaña. Allí logran esparcirse como recompensa de esa oportunidad que tiene el arte de — sin altanería— mirarnos desde arriba.(Tomado de 5 de septiembre)

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