Trazos Libres: otra manera de proyectar el arte en Cienfuegos

El mejor arte emana de la libertad, o al menos de esa sensación que nos lleva a materializar nuestras ganas, aunque al final resulte difícil desatarse de los hilos del sistema. El mejor arte no espera a ser contemplado por una, dos o tres personas en un espacio cerrado e iluminado artificialmente. El mejor arte busca a la gente, comparte su rutina y se consuma a partir de la experiencia viva de los hombres.

Tal sentido de la independencia condiciona el quehacer de Trazos Libres en Cienfuegos, un proyecto de intercambio y colaboración entre artistas de diferentes manifestaciones. Fundado en 2009, la interacción con exponentes de la música, la danza y el teatro, figura entre sus líneas de trabajo, aun cuando las artes plásticas constituyen el plato fuerte de la propuesta.

De acuerdo con Santiago Hermes Martínez Zerquera, líder de la iniciativa, «durante un lustro el pueblo ha tenido la oportunidad de relacionarse más con nosotros. Así, hemos cumplido con una de nuestras principales intenciones: promover la obra de pintores, dibujantes, escultores… dentro y fuera de la provincia, en tanto no siempre disponen de un espacio para difundir su labor.

«Generalmente, la plástica se consume en galerías o en sitios con determinadas condiciones para montar una exposición.  Pero por alguna razón, estas instalaciones reciben pocas visitas; los ciudadanos – incluso quienes poseen un alto nivel intelectual– temen dirigirse a ellas, quizás por erróneas o carentes estrategias de acercamiento y comunicación. De  ahí la pretensión de montar nuestras piezas en lugares donde las personas no esperan encontrarse una obra de arte; o sea, en los lugares comunes.

«Recuerdo nuestra primera acción sociocultural en la cafetería Doña Nelly, ubicada en los alrededores del Parque Villuendas. Allí la muestra sorprendió a todos y devino efectiva. Quienes entraban al local se asombraban de hallar una obra de arte donde, de manera habitual, priman los anuncios publicitarios.  Desde entonces, realizamos actividades similares, y en la práctica ha sido un ejercicio enriquecedor para el artista y el público».

El regodeo en temas vinculados al afrocubanismo signa el compromiso de Trazos Libres con lo más auténtico de nuestras raíces. Y no se trata solo de considerar desde la visualidad la mirada al sincretismo religioso, pues existe el interés de comprender también desde la investigación cómo se siente el negro en la actual estructura social imperante en Cuba.

Articular los caminos de la fundamentación teórica con el trabajo del artista parece el propósito de Zonas de Opacidad, una derivación del proyecto que fructifica a partir de la motivación personal de Santiago de encontrase consigo, saber quién es, de dónde proviene…

«La afrodescendencia es un fenómeno que me apasiona. Yo soy un hombre negro y, como tal, concibo a la esclavitud garante de buena parte de nuestras expresiones culturales.  Por eso, la necesidad de cuestionar, aun de modo existencialista, la trascendencia de lo negro, más allá de los límites de la raza.

Tampoco me encierro en un tema. Trato de explorar otros ámbitos: sociopolíticos, socioculturales. Y siempre, de alguna forma, hay cierta recurrencia. Ya después que uno da la vuelta a la rueda, vuelve sobre lo mismo».

Incorporar variados perfiles a la plástica y concretar un local idóneo donde emplazar las obras, clasifica como uno de los anhelos planteados; todavía en bocetos, pero en busca de convertirse en un gran cuadro. Las torres de Tartabull, ubicadas frente a la escuela militar Camilo Cienfuegos, forman parte de una idea maquinada hace varios años.

«Cuando llegamos allí en 2009, apreciamos un deterioro bastante grande y entendimos la urgencia de restaurar el lugar. Ello movió el pensamiento de otros artistas y se convirtió en un deseo de muchos. Desde esa fecha trabajamos en función de reponer el espacio y convertirlo en un complejo cultural».

Si bien la socialización del arte en circuitos alternativos a los institucionales (la comunidad, centros de salud) propicia una mayor interacción con los distintos públicos, Trazos Libres reconoce la legitimidad de las galerías y museos. La finalidad no se asienta en la negación, sino en proponer, en enseñar.

«De ese aliento crece EducArte, una ramificación del proyecto que desarrolla los puntos de contacto de algunas asignaturas curriculares –tanto de la enseñanza superior como de la media superior– con las diversas manifestaciones artísticas. Y la relación ha sido buena; incluso hemos promovido dos tesis de grado en la Universidad Carlos Rafael Rodríguez. Una prueba de cómo el arte puede contribuir a la investigación científica», comenta Santiago Hermes Martínez Zerquera.

Trazos Libres trunca los caminos trillados, supera lo tradicional, lo socialmente certificado como correcto; va a donde nadie ha ido. Y aunque nació de una ambición individual, se transforma, en cambio, en un proyecto colectivo. Su galería está en la calle, donde la gente agota alegrías y frustraciones. Y la mayor virtud: la libertad creadora. De otro modo resulta imposible entender sus trazos.(Tomado de 5 de septiembre)

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